domingo, 18 de abril de 2010

Época de cambios

A veces cambiar asusta y mucho, ya sea para mejor o para peor. La incertidumbre de no saber las consecuencias, los beneficios, las reacciones, los trastornos... que provocará ese cambio nos echa muchas veces para atrás y no nos atrevemos siquiera a intentarlo. Miedo al qué dirán, a las habladurías, a los "ya te lo dije" y a mil cosas más que puedan pensar de nosotros, en ocasiones nos echan para atrás este tipo de situaciones por temor a la sociedad, a no encajar, ser discriminado o ser diferente. Somos muy sociales y a veces eso puede ser contraproducente.

La parte mala de los cambios es que luego pueden llegar los arrepentimientos, pero creo que de una mala experiencia siempre se saca algo bueno. Lo primero, que no debes volver a repetir ese cambio a no ser que estés mucho más seguro en ti mismo que la primera vez y lo segundo, que te has atrevido a intentarlo y eso es algo a valorar, la iniciativa propia. Una actitud positiva ante un cambio es muy importante porque va a hacer que desde un principio estés convencido de las satisfacciones que te puede traer el cambio, siempre recordando que todo se puede torcer.

Aprovechando mi periodo vacacional me he dispuesto a realizar un cambio bastante importante para mi. Después de años y años de peinar el pelo para arriba, en cresta, engominado... ha llegado la hora de saber qué hay debajo de todo este pelo. El pelo crece de nuevo y se puede volver siempre a lo de antes, el tiempo lo cura todo, incluso hace crecer el pelo. En 15 días el pelo me crecería lo suficiente como para poder volver a ponerme una cresta, pero nadie me creía capaz de quitarme mi seña de identidad, ya que no salgo nunca sin peinar a la calle (excepto acontecimientos especiales como días de resaca, días de piscina,etc).

Por fin empiezan mis vacaciones, llegué a casa con decisión, agarré la maquinilla de cortar el pelo y cometí el asesinato de mi pelo, que ya era una muerte anunciada. Siempre estaba avisando "lo voy a hacer, lo voy a hacer..." y "ya veréis, un día de estos...", pero como Pedro y el lobo nunca llegaba el momento hasta que llegó.

Lo hice. El resultado es un poco raro, estoy a medio camino entre militar y macarra. No recuerdo haberme visto nunca con el pelo tan corto como ahora, pero mirándolo por el lado ahorrativo es una gran medida anti-crisis porque ahorro peluquería, gomina, champú (he comprobado que se necesita mucho menos), electricidad (ya no necesito plancha) y tiempo, que también es muy valioso y por las mañanas podré dormir media hora más por no tener que peinarme.

No tengo ticket de compra, pero tengo claro que al igual que con cualquier otro tipo de producto comprado en un establecimiento, puedo hacer la devolución a los 15 días y quedarme como estaba.

Veremos qué pasa.

2 comentarios:

  1. Yo hace seis o así hice lo mismo y es una gozada el poder levantarte, remojarte la cabeza y estar ya peinado jajaja. Mi cabeza agradeció 6 años seguidos de gomina dándome más pelo, que ya estoy empezando a quedar pelón xD.

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